Encuentro sobre Sociología del Género

LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LA MÚSICA

por Jaime Hormigos Ruiz, María Gómez Escarda y Rubén José Pérez Redondo.

Desde el punto de vista sociológico, la música, en sus formas más populares, ha participado siempre en el discurso sobre la violencia de género. En su aspecto más positivo muestra el problema e incluso lo denuncia y en el más negativo proyecta estereotipos que justifican y potencian la aparición y perpetuación de este tipo de violencia.

Desde la perspectiva de la función educadora que tiene la música, se observa que esta transmite una información directa que incide claramente en los procesos de socialización.

En esta investigación que nos ocupa, se ahonda en el modo en que escuchamos la música. En nuestra cultura, aun sabiendo que en ocasiones esta nos transmite valores negativos (oído social), la seguimos escuchando sin un debate público en profundidad, salvo raras excepciones (La mataré de Loquillo y Trogloditas).

Se han determinado dos tipos de escucha. Por un lado, la escucha simple, relacionada con el ocio, la diversión y el baile, como un acercamiento primario y acrítico donde no se reflexiona sobre el mensaje (moda, ritmo cultural, discurso aprendido y asumido socialmente, industria cultural mediatizada). Y por otro lado la escucha atenta, donde se asocia el mensaje de la música a una época, y donde la experiencia previa y la contextualización del hecho musical sirva de marco para su interpretación. Es un tipo de música que se aparta de la distribución masiva y mediática. Por ejemplo, la música clásica.

Durante el proceso de investigación de este trabajo, basado en el estudio de 350 canciones, se ha observado como desde los años 80 hasta hoy el discurso ha cambiado según los distintos estilos, pero en general no ha ido a mejor.
En la década de los 80 vemos como en las canciones predomina la violencia física. En la década de los 90, la violencia física disminuye y aumenta la simbólica. Y en el siglo XXI se aúnan ambas.

Entre 2002 y 2015 se aprecia un aumento considerable en las canciones de la protesta y la denuncia contra la violencia de género. Lo que probablemente esté relacionado con el asesinato de Ana Orantes, un hecho que marcó un punto de inflexión en la mirada a la violencia machista pues convirtió – a través de su tratamiento mediático- un problema “privado, doméstico e individual” en un problema colectivo. También en 2004 se promulgaba la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Todo ello se reflejó sin duda en las canciones que abordaron la violencia no solo desde el enfoque de género, sino también transversalizando temas como la inmigración y el paro.

Por último, citar, porque también es relevante, el hecho de que las canciones que abordan la denuncia de la violencia de género tienen una duración media de entre cinco y seis minutos, frente a los tres minutos que duran las que la potencian. Estas últimas tienen el formato que se adapta a las radio fórmulas que distribuyen masivamente la música y que son comercialmente más viables y rentables.