<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><?xml-model type="application/xml-dtd" href="http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1d3 20150301//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" dtd-version="1.1d3" specific-use="MethaodosJats 1.0" 
article-type="research-article" xml:lang="es">
<front>
<journal-meta>
<journal-id journal-id-type="epub">m.rcs</journal-id>
<journal-title-group>
					<journal-title>methaodos.revista de ciencias sociales</journal-title>
				</journal-title-group>
<issn pub-type="epub">2340-8413</issn>
<publisher><publisher-name>methaodos.revista de ciencias sociales</publisher-name></publisher>
<self-uri content-type="contact" xlink:href="mailto:salvador.perello@urjc.es"/>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id pub-id-type="art-access-id" specific-use="methaodosJats">1900</article-id>
<article-id pub-id-type="doi">http://dx.doi.org/10.17502/m.rcs.v7i2.285</article-id> 
<article-categories>
		<subj-group subj-group-type="heading">
		<subject>Sin sección</subject>
		</subj-group>
		</article-categories>
<title-group>
				<article-title xml:lang="es">Las mujeres en el olivar andaluz.  Nuevas y viejas formas en el trabajo agrícola</article-title>
			<trans-title-group>
			<trans-title xml:lang="en">Women in Andalucian olive grove.  New and old forms in agricultural work</trans-title>
			</trans-title-group>
			</title-group>
<contrib-group>
        		<contrib contrib-type="author" corresp="no">
            		<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-7063-5288</contrib-id>
            		<name name-style="western">
                	 <surname>Anta Félez</surname>
                		<given-names>José Luis</given-names>
            			</name>
            <aff>
                <institution content-type="original">Universidad de Jaén, 				España</institution>
                <institution content-type="orgname">Universidad de Jaén</institution>
                <country country="ES">España</country>
            </aff>
            <bio><p>José-Luis Anta Félez es Doctor en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático en la Universidad de Jaén. Ha sido profesor visitante en Universidades de Chile, Bolivia, México, Francia, EE. UU. y Argentina. Ha realizado trabajo de campo en diferentes comunidades de la España y América Latina y en la actualidad trabaja en temas relacionados con etnografía, epistemología y género. Entre sus últimos libros se encuentra El sexo de los ángeles, Epistemología más allá de las redes, Segmenta antropológica y Fiesta, trabajo y creencia.</p></bio>
        </contrib>
        		<contrib contrib-type="author" corresp="no">
            		<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-3608-8724</contrib-id>
            		<name name-style="western">
                	 <surname>Peinado Rodríguez</surname>
                		<given-names>Matilde</given-names>
            			</name>
            <aff>
                <institution content-type="original">Universidad de Jaén, 				España</institution>
                <institution content-type="orgname">Universidad de Jaén</institution>
                <country country="ES">España</country>
            </aff>
            <bio><p>Matilde Peinado es doctora en Historia Contemporánea (2005) y profesora del Área de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Jaén. Sus líneas de investigación principales son familia, género y reproducción social, la educación femenina en la contemporaneidad, la historia social desde la perspectiva de género y espacio, tiempo y ciudadanía en Didáctica de las Ciencias Sociales. Entre su producción científica puede destacarse más de cuarenta artículos, diez capítulos de libro y cuatro monografías: “Población, familia y reproducción social en la Alta Andalucía” (1850-1930)” (2006); “Ser mujer en la sociedad rural andaluza. Estrategias familiares de reproducción y subsistencia” (2009); “Enseñando a señoritas y sirvientas. Educación Femenina y Clasismo en el franquismo” (2012) e “Igualdad de género en Educación Secundaria. Propuestas didácticas audiovisuales” (2015) y “Aprendiendo igualdad a través del cine” (2018).</p></bio>
        </contrib>
    </contrib-group>

			<pub-date pub-type="epub">
				<year>2019</year>
			</pub-date>
<volume>7</volume>
<issue>2</issue>
<fpage>302</fpage>
<lpage>313</lpage>
<history>
<date date-type="received">
  <day>18</day>
  <month>3</month>
  <year>2019</year>
</date>
<date date-type="accepted">
  <day>7</day>
  <month>4</month>
  <year>2019</year>
</date>
</history>
<permissions>
<ali:free_to_read/>
<license xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">
<ali:license_ref>https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/</ali:license_ref>
<license-p>Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.</license-p>
</license>
</permissions>
<trans-abstract xml:lang="en"><p>The olive tree has been part of the Andalusia countryside since antiquity, although its implementation as a monoculture, in the provinces like Jaén, culminating in the second half of the twentieth century. The structural nature that status conferred on the Community agro seems to be inextricably linked to an &quot;apparent&quot; immobility primarily on cultivation and harvesting, where a familiar universe of generic and generational asymmetries tends to perpetuate both crews family &quot; piecework&quot; and traditional. The work has changed little, ultimately a matter of political ecologies, and the woman remains largely responsible for collecting, kneeling, and the fruit that falls from the tree. In this paper we propose reflect the binomial woman-olive, synchronically and diachronically, across the analysis with the daily practice of some of its characters, sketches life stories of women working in the lands of Jaen.</p></trans-abstract>
<kwd-group xml:lang="es">
			<title>Palabras clave</title>
				<kwd>mujer</kwd>
				<kwd>trabajo</kwd>
				<kwd>historia social</kwd>
				<kwd>olivar</kwd>
				<kwd>economía</kwd>
				<kwd>antropología social</kwd>
			</kwd-group>
<kwd-group xml:lang="en">
			<title>Keywords</title>
				<kwd>woman</kwd>
				<kwd>work</kwd>
				<kwd>agricultural history</kwd>
				<kwd>olive-land</kwd>
				<kwd>economy</kwd>
				<kwd>social anthropology</kwd>
			</kwd-group>
<counts>
<fig-count count="0"/>
<table-count count="0"/>
<equation-count count="0"/>
<ref-count count="0"/>
</counts>

<custom-meta-group>
<custom-meta>
<meta-name>Para citar
este artículo</meta-name>
<meta-value>Anta Félez, J. L. y Peinado Rodríguez, M. (2019): “Las mujeres en el olivar andaluz. Nuevas y viejas formas en el trabajo agrícola”, methaodos.revista de ciencias sociales, 7 (2): 302-313. http://dx.doi.org/10.17502/m.rcs.v7i2.285 </meta-value>
</custom-meta>
</custom-meta-group>


</article-meta>
</front>
	<body>
		
  <sec>
    <title>
      <bold>1. Hacia una contextualización desde la Historia y la Antropología Social</bold>
    </title>
    <p/>
    <p>El género, en tanto que construcción histórica y social, ha asignado a los individuos funcionalidades que se construyen y deconstruyen a lo largo del tiempo en un proceso donde confluyen las estructuras discursivas de una comunidad y la realidad de las familias, en su doble proceso de socialización y reproducción social. Por ello, proponemos un análisis del universo olivarero atendiendo de forma prioritaria al espacio y funcionalidad asignados al género femenino tomando como referencia investigaciones realizadas entre otras por Martínez Veiga (1991)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref20">Martínez Veiga(1991)</xref>, Sampedro Gallego (1991)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref30">Sampedro Gallego(1991)</xref>, Campos Luque (2001)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref5">Campos Luque(2011)</xref>, Sarasúa García (2000)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref31">Sarasúa García(2000)</xref><sup/> o Peinado Rodríguez (2005<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref25">Peinado Rodríguez()</xref>, 2009<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref26">Peinado Rodríguez(2009)</xref>); que se insertan en una línea de investigación que, consciente de la invisibilidad de la mujer en una historia construida desde la perspectiva antropocéntrica con el objetivo de fundamentar cómo la mujer, como consecuencia de las funciones asignadas a su género, ha mantenido con respecto al género masculino relaciones de subordinación, dependencia y exclusión.</p>
    <p>En efecto, el trabajo que presentamos se inserta en la línea de investigación que, desde las disciplinas de Historia Agraria y Antropología Social, pretende entender los cambios y continuidades en el ámbito rural como laboratorio de microanálisis que trascienda, cuestione y enriquezca los estudios macrosociales. A finales de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado estaba claro que la corriente conocida en antropología social como estructuralismo no iba a dar más de sí, sobre todo ante la aparición del empuje del paradigma simbólico a lo Geertz (1990)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref14">Geertz(1990)</xref>, y que definitivamente daría lugar a la llamada postmodernidad y a una cierta antropología postcolonialista, con un carácter más global. El paradigma simbólico planteaba, fundamentalmente, un encadenamiento teórico y conceptual basado en que la realidad social era un texto, por lo que todo lo visible era siempre un símbolo y la manera de entenderlo sólo podía ser por medio de la interpretación. Es obvio que el sentido semiótico toma, de esta manera, una fuerza especial y se hacía fundamentalmente el entendimiento de las llamadas gramáticas culturales. Concebir los hechos sociales como texto nos permite distinguir varios niveles de análisis que van más allá de lo que es un primer momento podemos observar.</p>
    <p>Por un lado, nos encontramos con un “metatexto”, una forma estructural que sirve de soporte discursivo. Por otro, con un contexto, que entendemos como un sistema de interrelacionar intertextuales. Y, por último, con un “pretexto”, o un ejercicio ideológico que sirve como elemento conductor de la narración cultural. Es evidente que una manera semiótica de ver la realidad requiere de una gran capacidad de interpretación y ser capaz de crear niveles de análisis que sean capaces de mostrar el mapa gramatical (de una manera general todo se conceptualiza en los trabajos clásicos de Leclair y Scheneider, 1968<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref18">Leclair and Scheneider(1968)</xref>; Plattner, 1991<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref27">Plattner(1994)</xref>; Sahlins, 1983<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref29">Sahlins(1983)</xref>).</p>
    <p>La antropología social ha sentido desde sus mismos orígenes en el siglo XIX una gran capacidad interpretativa. Pero hacía falta una radical separación de las visiones materiales y folklóricas para que tuviera sentido esa suerte de hermenéutica que se le adivinaba. Fue Levi-Strauss quien más hizo en su día por reconocer que la cultura podía ser interpretada como si de un texto se tratara, pero no fue hasta una década después cuando se rompió esta visión que proponía una lectura del texto en sí mismo al incorporar dos nuevos elementos: las acciones y hechos sociales, que no siempre tienen por qué ser ritualistas, y al propio antropólogo en el análisis.</p>
    <p>La cultura, desde esta visión, ya no era sólo un recurso con el que referirse a un todo único y superior, un juego virtual de metarreferencias, sino que la cultura tenía una forma concreta que podía observarse en función de una tercera persona, el científico social (Geertz, 1994)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref15">Geertz(1994)</xref>. La realidad, cualquier realidad, ya no era un ejercicio total y existente per se, sino que dependía de la mirada establecida desde una visión diferente. Este texto se mostraba como una suerte de collage, donde cada hecho prácticamente nada tiene que ver con el de al lado si no es porque todos ellos forman un conjunto sobre un plano. Evidentemente esta concreta forma de ver las cosas tiene su arranque entre los interaccionistas simbólicos, que proponían esta conjunción de textos y planos. Otra lectura, la de los situacionistas, de este mismo ejercicio social planeaba sobre el cielo de los años 60, como herederos directos de los interaccionistas simbólicos de la Escuela de Chicago, su planteamiento era ciertamente similar, aunque a diferencia de éstos proponían esa vía de unas miradas micro con las que enfrentarse a la sistematicidad y ritualismo de los hechos sociales.</p>
  </sec>
  <sec>
    <title>2. <bold>El olivar jiennense</bold></title>
    <p/>
    <p>En la provincia de Jaén se ha “textualizado” la opción por el olivar como un discurso vocacional cuasi mesiánico, generando con ello una puesta en valor de elementos que interpreta como propios, genuinos y ajenos a la otredad del mundo agrario (Anta, 2007)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref3">Anta Félez(2007)</xref>. La vocación olivarera de la provincia de Jaén fue objeto de numerosos estudios en el último decenio del siglo XX desde la óptica de la Historia Económica y la Historia Agraria (entre otros: Garrido González. 2000<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref13">Garrido González(2000)</xref>; Hernández Armenteros, 1997<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref19">Hernández Armenteros(1997)</xref>; Zambrana Pineda, 1987<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref33">Zambrana Pineda(1987)</xref>), que trataban de fundamentar su desarrollo y consolidación en la introducción del capitalismo en el campo jienense.</p>
    <p>Es evidente que un proceso de expansión y especialización de esta envergadura requiere una explicación más compleja, donde convergen los cambios de la agricultura jaenera y la evolución demográfica y agrícola en su contexto espaciotemporal, conviviendo el capitalismo agrario con otros factores como la especialización por zonas, la preponderancia del uso agrícola de la tierra o los cambios jurídicos que afectan a la titularidad de las tierras, fundamentalmente las desamortizaciones. Así, en las décadas centrales del siglo XIX, como expuso Francisco Zambrana (1987)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref33">Zambrana Pineda(1987)</xref>, muchos de los beneficiarios de las desamortizaciones plantaron olivar motivados por los altos precios del aceite en el mercado.</p>
    <p>Sin embargo, y a pesar de su progresiva consolidación, no podemos hablar a lo largo del siglo XIX de un monocultivo, pues nos encontramos frente a comunidades rurales cuya economía reposaba en una agricultura de subsistencia, que necesitaba abastecerse de cereales, junto con el vino y el aceite. Habrá que esperar a la segunda mitad del siglo XX para que el monocultivo del olivar sea una seña de identidad en la inmensa mayoría de la provincia (García Brenes, 2006)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref8">García Brenes(2006)</xref>. Pero estamos analizando el proceso de especialización olivarera desde la Historia y la Antropología Social, y ello nos obliga, como no puede ser de otra forma, a profundizar en las transformaciones sociales que implicó dicho proceso.</p>
    <p>Así, en la evolución de la estructura de la propiedad y explotación de la tierra, se produce, paralelo al proceso de especialización, una brecha social, pues aumenta el número y tamaño de las explotaciones en un contexto de pérdida progresiva de bienes comunales y de propios que avoca a un segmento importante de los pequeños explotadores olivareros a una creciente pauperización, “salarización” y dependencia del mercado: la mano de obra es abundante y barata en un contexto de crecimiento demográfico y la recolección estaba, como sigue en gran medida, escasamente mecanizada. Todos los factores expuestos generan un incremento de las desigualdades sociales que se magnifica en el caso de los hogares encabezados por mujeres, una pieza más en el engranaje de “la feminización de la pobreza”.</p>
    <p>El problema social generado por la especialización olivarera se agrava ante la enorme distancia entre un sistema basado en un producto puramente local, que en cierta medida ha creado una apariencia de cultura, donde el olivo sería su quintaesencia, y la puesta en valor como producto mundializado. A la vez que esta distancia se da por igual entre los pequeños propietarios-productores y los políticos, analistas y funcionarios encargados tanto de negociar el futuro del sector, cuanto más de crear ciertas condiciones sociales en torno a la vida de los habitantes de esta provincia.</p>
    <p>Es evidente, por lo tanto, que estas distancias se han reducido, e incluso en algunos casos resuelto, por medio de ciertas estrategias, de ciertos ejercicios de toma de decisiones y juegos de suma cero (donde obviamente tiene implicaciones para las mujeres, véase Villota, 2003)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref32">Villota(2003)</xref>. A principios del siglo XIX, optar por el olivar frente al cereal fue una apuesta arriesgada que dibujó, a medio plazo, un nuevo mapa de redes sociales, con viejos y nuevos protagonistas al amparo de relaciones endogámicas en la élite frente a un nutrido grupo que, parafraseando a Marx, sólo pueden vender la fuerza de su trabajo, haciendo de la “salarización” un vehículo de permanencia en el agro con nombre propio, agarrados a una pequeña explotación que se afanan en engrandecer a golpe de autoexplotación propia y familiar, y de asimetrías, fundamentalmente genéricas, en aras de perpetuarse, como seña de identidad, de cultura, de herencia trascendente (Gladwin, 1994)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref16">Gladwin(1994)</xref>.</p>
    <p>La evolución desde una economía campesina de subsistencia a otra industrial fue un proceso complejo, que abarco, como hemos expuesto, más de un siglo. Ello se explica, en gran medida, por unas características muy específicas de la producción olivarera: su carácter estacional, que hacia factible la emigración temporera para cubrir la triada cereal-vid-olivar, diversificando, de esta forma, las fuentes de obtención de recursos, o el trabajo en los sectores secundario –tímido y tardío–, y fundamentalmente en el sector servicios, pues de hecho, la inmensa mayoría de las pequeñas explotaciones olivareras tienen como titulares a pequeños comerciantes, PYMES y otros profesionales dedicados al sector terciario, lo que generó una mano de obra que, por sus especiales características, aún dependiente del campo durante unos meses al año, podía ajustarse a unos salarios inferiores a la media. Por otra parte, y aunque se sigue avanzando en las innovaciones tecnológicas y en la introducción de maquinaria, es difícil mecanizar la fase de recolección, que sigue empleando un gran número de jornales.</p>
    <p>Claro que no ocurrió así en toda la provincia; en las comarcas de Sierra Mágina, Cazorla o Las Villas vivieron este proceso de forma acelerada, al protagonizar una sangría demográfica, como consecuencia de la Guerra Civil y las posteriores oleadas migratorias, superiores a la media. Mientras, en la zona minera el proceso olivarero apareció con el declive de esta actividad, mientras que en la campiña se resistía a un abandono del cereal, que sucumbió con la caída de los precios en los años 70, y se dio al olivar sin reservas con la entrada de España en la, entonces, CEE. El olivar daba, por lo tanto, el primer paso desde una economía campesina, basada en la toma de decisiones sobre el medio propio, a una industrial que concentra el trabajo en unas épocas determinadas y permitía ese trabajo fuera del medio agrícola. El campesino pasaba, así, a ser una suerte de obrero: por un lado, y en el mejor de los casos, de su propio olivar, lo que permitía un esquema claramente industrial basado en cooperativas agrícolas, y, por otro, como trabajador de la construcción, de alguna empresa local o, en cualquier caso, en otra cosa que permitiera la estacionalidad y discontinuidad en funciones del olivar, que veía, de esta manera, centralizar la vida de los habitantes de Jaén.</p>
    <p>Este cultivo, tanto si se trataba de agricultores por cuenta propia o ajena, no permitía que se subsistiera de él, al tiempo que no se podía ni quería abandonar, porque se estimaba como el único complemento seguro y fundamentalmente, por su carácter cultural, simbólico. Esta enorme paradoja, lejos de crear una estructura de sociedad “esquizoide”, se recreó en ella misma con un sistema que parecía a todas luces de lo más coherente: el producto del olivo trasformado, el aceite, se dejaba en manos de intermediarios socioeconómicos que se encargaban de asegurar un precio mínimo, se componía un sistema de ayudas que permitía recrear una cierta idea de estabilidad y paz social y, por último, se tomaba el árbol como aparente hecho “identitario” de una sociedad que había perdido toda seña de identidad campesina.</p>
    <p>Consecuentemente, la introducción del olivar fue un proceso lento y no siempre sistemático, que se aceleró en los años 70 y 80 del siglo XX, y, aunque pudieron existir algunos procesos de resistencia, sólo una poderosa fuerza lo podía lanzar como casi el único ejercicio económico visible. Esta fuerza fue su conversión en industria, separándolo de forma generalizada de las ayudas exteriores y reuniéndolo en estructuras familiares cerradas, concentradas y no-competitivas entre sí. Esta separación radical de ámbitos, que en la vida campesina estaban estrechamente unidos, permitió la recreación de un discurso que, una vez en funcionamiento, mantenía una serie de estrategias que corrían desde lo puramente local, incluso, a veces, más abajo, desde el propio árbol, allí donde todo parece darse, evocando a Godelier (1981)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref17">Godelier(1981)</xref>, de forma mágica, hasta el ejercicio de la Unión Europea. Este proceso, al ser una estructura general industrializada, pero basado y sustentado en un sistema de familias-economicistas, queda en una posición intermedia, donde, por un lado, se carece de representaciones, debido, sobre todo, a las enormes distancias entre las estructuras y los sistemas, y, por otro, se mantiene al margen de los procesos de toma de decisiones ulteriores al producto final, lo que queda en manos de terceras partes, que no siempre son intermediarios sino, más bien, elementos interesados por sí mismos.</p>
  </sec>
  <sec>
    <title>3. <bold>El imaginario “olivarero”</bold></title>
    <p>
      <disp-quote>
        <p>Todos sabemos de la importancia de las mujeres en ciertas épocas del año en las labores agrarias; en cada comarca rural hay infinidad de trabajos que desempeñan las mujeres a cambio de míseros salarios. […] Es muy difícil hallar un pueblo agrario en que la mujer no intervenga en los trabajos, en la recolección de cereales o en la aceituna, en todas interviene la mano de obra femenina, por ser la más adecuada y la de menor coste para el patrono (Periódico El Socialista, 27-3-1925).</p>
      </disp-quote>
    </p>
    <p>Consecuentemente, ¿dónde se establecen las estrategias en torno al olivar? Desde nuestro punto de vista, siempre muy colateral, es en este aspecto donde se establecen las mayores diferenciaciones entre una sociedad campesina y otra basada en un sistema industrial de explotaciones agrícolas (Palenzuela, 1995)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref23">Palenzuela Chamorro(1995)</xref>. En ambos casos, el olivar se podría definir –obviamente desde un punto de vista no semántico– en función de ciertas alianzas, el favoritismo, los rumores, los procesos, las negociaciones, los secretos y los saber-hacer, prestigio, estatus familiar, participación en redes clientelares… Así, pues, la cuestión es diferenciar estos elementos en el entramado funcional y darse cuenta que la paradoja se establece cuando observamos que lo importante en la provincia de Jaén no es el producto final, lo que le significaría exclusivamente como una sociedad de capitalismo avanzado, sino la tenencia de la tierra y las posibilidades de trabajo.</p>
    <p>El resto de las labores industriales, que se supone han de existir para mantener el sistema en funcionamiento, están delegadas y absorbidas por otras partes que escapan al control de los pequeños e, incluso, de los grandes propietarios del olivar. La cuestión es, consecuentemente, recrearse, aunque brevemente en este elemento, pues parecería como si los propietarios de las explotaciones se negaran a tener una industria completa y se dedicaran, exclusivamente, a mantener la maquinaria en funcionamiento en la medida que ésta permita la recreación de una tenencia ilimitada de tierra y un trabajo seguro y continuado, pero no se encargan de gestionar los siguientes pasos de la industria. Obviamente, esto no es un problema que se concentre desde los intereses de las gentes de Jaén, por el contrario, es parte de los juegos de la mundialización, donde seguramente se ha propuesto el papel de que esta misma gente sólo se dedique a esto, mientras que otras partes se dedican al resto del proceso industrial (Palacios, 2007)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref22">Palacios(2007)</xref>. Que en esta última parte del sistema en torno al olivo-aceite es donde se concentre el mayor nivel de beneficios puede ser sólo una casualidad, lo importante es entender que las gentes de Jaén lo han admitido con casi nulas resistencias.</p>
    <p>En efecto, al establecer las posibilidades estratégicas y culturales sólo sobre la tierra, el árbol y el trabajo en torno a ellos, porque los segundos trabajos fuera del olivar son tomados como tal, aunque hayan sido analíticamente el motor del cambio que permite lo primero, se potencia casi exclusivamente tres cosas: las funciones y estructuras familiares, la aparición de un proceso democrático, aparentemente justo y racionalista, y la delegación de las fases ulteriores de la producción oleica. Claro que ésta es una visión muy intelectual, porque conductualmente, y es lo que ocurre de forma general, no es así, por múltiples motivos: el reparto de la tierra no es siempre igualitario, aunque parezca que todo el mundo tiene algo; han aparecido nuevos modelos de familias que no se estructuran entorno al trabajo en el olivar; las muchas y no siempre desveladas presiones internacionales, ya sean de terceros países, ya sean de grupos transnacionales; el cambio de las formas de trabajar en las explotaciones, ya sea en lo referente al árbol o la transformación del fruto en aceite; la inmigración; las ayudas y subvenciones que no establecen con claridad qué es por lo que exactamente hay que trabajar-producir –¿calidad, cantidad, exclusividad, origen, método, variedad…?–; las rivalidades y formas de dirigir las cooperativas; la aparición de un creciente número de pequeños envasadores y distribuidores, etc.</p>
    <p>Es decir, cualquier visión que se quiera realizar debe tener niveles de análisis muy pequeños porque recrean problemas muy particulares de los que las grandes cifras no dan cuenta (en cierta medida como ya enunciaba en su día Polanyi, 1989)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref28">Polanyi(1989)</xref>. En última instancia, estamos hablando de elementos muy locales, que remarcan distancias, discursos y legados que son muy complejos de rastrear, si no es a un nivel microeconómico y social. La idílica imagen que asocia jiennense y olivo, basada en la subjetividad de una cultura “reificada”, que se sustenta en parámetros situados al margen de la realidad del campo y asentados en una economía ficticia y subsidiada debe, quizá, ser reinterpretada (Peinado Rodríguez, 2005: 49)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref25">Peinado Rodríguez()</xref>.</p>
  </sec>
  <sec>
    <title>4. <bold>En torno a la recolección y sus asimetrías: una lectura en clave de género</bold></title>
    <p>
      <disp-quote>
        <p>A los albores del amanecer hay que estar en pie y encaminarse al tajo; comienzan a alzarse los densos humos de los fuegos, en los que es preciso calentar las ateridas manos; sorteada la hilera que ha de cogerse, cada cuadrilla compuesta por un hombre y dos mujeres, comienza la faena, a mano, ordeño, normalmente en la sierra, o golpeando con largos palos de avellano los hombres, mientras las mujeres arrodilladas a los pies del árbol recogen las espuertas de las aceituna (Cerdá Pugnaire et al., 2001)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref7">Cerdá Pugnaire, Lara Martín-Portugués and Pérez Ortega(2001)</xref>.</p>
      </disp-quote>
    </p>
    <p>Para entendernos, la recogida de la aceituna en la provincia de Jaén tiene que ver con dos aspectos que se dan por igual en otros sistemas agrícolas: la estructura de la tenencia de la tierra y las bases materiales de las unidades familiares (de manera específica véase García Brenes, 2007<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref9">García Brenes(2007)</xref>. De manera un poco más general: García Ramón, 1990<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref10">García Ramón(1990)</xref>; García Ramón et al., 1995<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref11">García Ramón, Cruz Villalón, Salamana and Villarino Pérez(1995)</xref>, 2000<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref12">García Ramón and Baylina(2000)</xref>; Mellor, 2000<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref21">Mellor(2000)</xref>). Sí es verdad, sin embargo, que en Jaén aún es posible hacer el análisis que aquí pretendemos realizar, porque la entrada masiva de emigrantes se ha frenado en las tres últimas campañas ante la situación de crisis que vive nuestro país, así como el pago de los jornales por trabajo a destajo, no es aún la norma predominante, por lo que son visibles ciertas formas de un quehacer que tiene mucho aún de la implantación y extensión del olivar en los años 40 y 50 del siglo pasado.</p>
    <p>Entendemos el olivar como un gran texto, donde podemos observar una cierta sistematicidad y ritualismo (Anta, 2002<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref1">Anta Félez(2002)</xref>; Brandes, 1990<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref4">Brandes(1990)</xref>). Este no es sólo visible en la disposición de los propios árboles, sino, sobre todo, en cómo dicha disposición establece una serie de niveles que son parte de un entramado cultural con una gramática muy precisa, que podríamos decir cuasi matemática. La recogida de la aceituna se da en un doble plano, por un lado, de carácter vertical, y, por otro, de género/edad. Es aquí donde hemos de observar que las formas simbólicas se tornan eficaces, en la medida que los símbolos se concentran en torno a una serie de ideas concretas donde toda la comunidad parece recrearse. El árbol, el olivo, en este sentido, necesita humanizarse, por lo que toma la forma simbólica de un ser antropomorfo, tiene tronco, hombros, pies y cabeza, pero tiene también una vida continuada, un ciclo vital, que le hace parte de la comunidad. Sus cuidados y atenciones, limpiezas y saneamientos nos recuerdan permanentemente que se trata de un hecho humano, un ejercicio natural culturizado, y es obvio que si el olivo es la naturaleza más humana su propio planteamiento hace, por igual, que el hombre que lo cuida sea la cultura más natural. Pero lo interesante de este ejercicio simbólico es que se trata de parejas de género masculino, frente a su fruto, la oliva, producto femenino, fuente tanto de vida como de contaminación.</p>
    <p>Tenemos, así pues, un primer plano vertical que establece el criterio de masculinidad-feminidad, cuanto más alto más masculino, cuanto más cercano a la tierra más femenino. En este sentido, el árbol sólo puede ser vareado por lo hombres, aquellos que o ya lo han demostrado o que tienen posibilidades de hacerlo. Existe, obviamente, un criterio de edad, ser hombre significa haberse hecho hombre, y este proceso ni es rápido, ni instantáneo, sino que tiene que ver con un ejercicio ritual de experiencia, enseñanza y dinamismo cultural. Las mujeres no varean y su tarea está en relación directa con la tierra, es más, van de rodillas, recogiendo el fruto que queda fuera del manteo, ese elemento que evita que, por un lado, se desperdicie lo que el árbol ofrece, cuanto más que se de un ejercicio de contaminación con la tierra, ese elemento femenino donde todo parece abrirse a la nada, las claras, son la nada que hay entre el todo que es el árbol. Estamos, consecuentemente, ante un plano horizontal, no todos se sitúan frente al árbol de la misma manera, sino que la fuerte diferenciación por géneros establece mundos terriblemente separados. Este texto, que se lee en horizontal y vertical a la vez, tiene una referencialidad tanto en el propio ciclo vital cuanto más en los papeles tan dramáticamente impuestos a cada género en la sociedad.</p>
    <p>Podemos distinguir tres tipos de grupos diferenciados que se dedican a la recolección de la aceituna: las cuadrillas ­(entendida como la unidad mínima y básica de trabajo en torno a la recolección del fruto del olivar) familiares, las cuadrillas “a destajo” y las cuadrillas tradicionales.</p>
    <p>1) En las cuadrillas familiares, es decir, en aquéllas cuyos componentes trabajan sus propias y generalmente pequeñas propiedades, participan los miembros de una familia (miembros unidos por relaciones de parentesco), ocupándose cada cual del trabajo que está en relación con su edad y género. Podemos así afirmar que en este tipo se produce la identificación “cuadrilla = familia”, y que en la estructura y organización del trabajo intenta aproximarse, en la mayor medida posible, a una cuadrilla tradicional. La única transformación/innovación que podemos destacar en este tipo es la implicación de la mujer en la introducción de la maquinaria –siempre motivada por la necesidad de reducir jornales y consecuentemente, carecer de hombres que puedan realizar esta tarea­–, encargándose de la sopladora, aunque su posición vertical es circunstancial y sigue sin igualarla a la condición de vareador, metáfora del ejercicio de masculinidad por excelencia.</p>
    <p>2) El segundo tipo está en relación con lo que hasta el siglo XVIII se conoce como “a destajo” y que solía ajustarse a lo que podríamos llamar salario. Con la extensión del olivar en el siglo XIX y especialmente en el XX desapareció esta modalidad. En los últimos años ha vuelto a aparecer por razones de carácter económico y por influencias foráneas, aunque generalmente sólo personas venidas de otras zonas la practican y en cualquier caso se trata de una práctica ilegal denunciada sistemáticamente por los sindicatos en todas las campañas. Se trataba hasta el año 2010 de miembros inmigrantes (generalmente hombres pertenecientes al levante español, aunque algunos pocos viajan con sus unidades familiares, y con una proporción al alza de emigrantes magrebíes y subsaharianos) con carácter temporal que intentan aprovechar al máximo la coyuntura favorable de empleo que supone la recolección de la aceituna. Como en principio intentan recaudar la mayor cantidad de ingresos posible, lo que más les interesa no es que se valore el tiempo que dedican a su trabajo, sino la labor ejecutada. Se les paga de este modo los kilogramos de aceituna que recogen, previo acuerdo con el propietario y sin distinción por géneros o edades.</p>
    <p>El trabajo “a destajo” se diferencia con bastante nitidez de la peonada o trabajo tradicional –que obviamente no quiere decir “de siempre”, sino la estrategia más aplicada en los últimos años–, sobre todo porque uno tiene un criterio cuantitativo y el otro cualitativo. Además, la procedencia de los miembros de este tipo de cuadrillas suele ser de una misma localidad, igualmente están, en principio, unidos por lazos de parentesco y amistad, que se fortalecen a consecuencia de la estrecha convivencia que se produce en la temporada, puesto que el patrón está obligado a proporcionarles alojamiento, y es normal que lo haga agrupando a todos (independientemente que sean de familias distintas) en una sola unidad habitacional. Se rompen así barreras de edad y género, lo que constituye una diferencia radical con la cuadrilla de uso tradicional.</p>
    <p>Las cuadrillas “a destajo” suelen provocar un sentimiento de rechazo en la población receptora por varias razones, que, según la población autóctona, se resumen en los siguientes argumentos –obviamente todos ellos muy discutibles–: quitan trabajo a las cuadrillas tradicionales, obtienen mejores beneficios, responden más a los intereses del patrono, puesto que la aceituna de éste se recoge más rápidamente que mediante el trabajo tradicional. En los pueblos de Jaén se comenta que este sistema sobre todo a quién beneficia es al dueño del olivar, lo que marca una clara división entre los propietarios y los trabajadores, haciendo del lugar un permanente conflicto entre los que poseen tierras, por pocas que sean, y los que no tienen más remedio que trabajar para otros.</p>
    <p>Las técnicas de trabajo de las cuadrillas a destajo son fácilmente asimiladas por todos, independientemente de la cantidad de experiencia con respecto al olivo, a diferencia de aquéllos que se decantan por la “tradición”. La aceituna es un trabajo con una dinámica muy pequeña, un “saber” –dicen los más “tradicionalistas– que debe ser cuidadosamente transmitido, por lo que no agradan, por ejemplo, las varas (largos palos con los que se hace caer el fruto del árbol, el vareo, a unas telas dispuestas al efecto en torno a éste, los manteos) de plástico que sustituyen a las tradicionales varas de madera. Esta inmutabilidad explica también la tímida aunque constante introducción de la maquinara en la recolección (el caso de las máquinas vibradoras que permiten eliminar el vareo como un mal menor) y las reticencias a cualquier cambio, por demostrado que esté que traerá una mejora, como ocurre por igual con las gafas protectoras, que la Seguridad Social ha obligado a usar desde la campaña de 1994-95 para prevenir accidentes oculares, pero que generalmente nadie usa si no es a modo de visera, alegando incomodidad para el trabajo (Palomo et al., 2013)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref24">Palomo, Pulido and Luque(2013)</xref>.</p>
  </sec>
  <sec>
    <title>5. <bold>Claves de una mujer olivarera</bold></title>
    <p/>
    <p>Los jornaleros “a destajo” no recogen bien la aceituna, dicen en los diferentes pueblos de Jaén. Para estas gentes, partidarios como se ha dicho de la “costumbre” tradicional, es fundamental trabajar con mimo el olivo. De ello depende la calidad del aceite. Existe un cierto criterio de humanización del árbol (el cual toma consideraciones antropomórficas), muy en relación con la modalidad “del tajo” (uso tradicional), no “a destajo”, lo cual es importante en un lugar donde el olivo siempre está marcando las vidas de quienes de él dependen, hasta el extremo de que el año comienza y termina en torno suyo. El olivar significa, obviamente, la herencia cultura de los habitantes de Jaén, que se materializa en aquello que forma parte de la donación y el trabajo de los antepasados (aun los más recientes), y que se supone que el heredero debe entregarlo a su descendencia. En cierta medida, el árbol es considerado como una “persona” más, y todos sueñan con ser al menos “pegoteros”, mientras que la desgracia familiar se asocia con el momento en que por algún motivo hay que desprenderse de la tierra.</p>
    <p>Las cuadrillas tradicionales –a las que he llamado así, a sabiendas de que la tradición es un discurso social como tantos otros, porque siguen un sistema de trabajo apenas mudado en el tiempo desde que se produjo su extensión a finales del siglo XVIII y principios del XIX, al igual que son las que más peso han tenido en los patrones de Jaén respecto al olivo– son las que han caracterizado la recolección de la aceituna, desde que ésta ha sido fundamental en la economía de la provincia. Aunque años atrás no fuera así, hoy sólo participan en ellas las personas que tienen la edad laboral (a partir de los 16 años y están dados de alta en el sistema de la Seguridad Social, ya sea por cuenta ajena, propia o por medio del Plan de Empleo Rural). Es lógico si tenemos en cuenta que este tipo de cuadrilla trabaja las tierras de un gran propietario local, y que éste debe cotizar a la Seguridad Social por sus operarios, algo que legalmente sólo puede hacer con aquellos que cumplen los requisitos establecidos por la Ley.</p>
    <p>En consecuencia, tampoco los jubilados pueden trabajar en la aceituna dentro de la estructura de lo que hemos llamado cuadrilla tradicional. Obviamente esto es en teoría, puesto que en la práctica no podemos descartar actuaciones fraudulentas por parte de algunos propietarios, si bien cada vez menos frecuentes (aunque muy representativas, porque los jubilados, las personas de mayor edad, son precisamente quienes más experiencia tienen y, por tanto, los más valorados. Así mismo el trabajo infantil, tan común en el pasado reciente, es prácticamente nulo, aunque los casos en que se da son también muy significativos, revelando valores y comportamientos muy alejados de los criterios sociales y estatales contemporáneos) debido a las inspecciones administrativas, completamente imprevisibles. Es comprometido dentro de la propia cuadrilla contratar a personas que no estén dentro de la ley, ya que los restantes miembros de ésta no ven con buenos ojos a quienes no reúnen las condiciones legales, sobre todo en los últimos años, cuando el aumento del desempleo parece haber concienciado a buena parte de la sociedad acerca de la escasez de puestos de trabajo y la necesidad de que éstos, por temporales que sean, deben ser ocupados por quienes realmente cumplan lo legalmente establecido (en última instancia no es más que otra muestra más de las estrategias para hacer de lo temporal algo aparentemente estable).</p>
    <p>El encargado de reclutar a los jornaleros de una cuadrilla tradicional es el “manijero”, el hombre de confianza del propietario de la tierra. Existen algunos criterios en virtud de los cuales se produce ese reclutamiento: fundamental es la antigüedad, de manera que aquellos aceituneros que tienen antecedentes en una cuadrilla mantienen su puesto en ella, avalando su experiencia. El lazo familiar o parentesco constituye, también, un nexo entre los miembros de una misma cuadrilla, tal vez como elemento de pervivencia del grupo doméstico en base al cual se ha estructurado tradicionalmente el campesinado. La amistad, vecindad y otras circunstancias similares, bien con el manijero bien con el propietario, son también elementos que permiten a una persona acceder a una cuadrilla y mantener su puesto en ella, aunque con resultados diferentes en uno u otro caso. Si la relación se produce con el manijero, el nuevo miembro es acogido amablemente por sus compañeros, siempre que aquél sea un buen manijero y esté bien valorado por sus subordinados. Si se produce con el propietario, afloran, generalmente y por lo menos en el primer momento, sentimientos adversos y de rechazo, acompañados de calificativos encubiertos, como pelota o enchufado, y se le evalúa de mal trabajador (de hecho, a estos cuadrilleros se les asignan trabajos peculiares y que los mantienen a distancia de sus compañeros), mientras que cualquier conflicto que pudiera existir entre el patrón y los operarios se atribuye a un chivatazo del nuevo componente del grupo. Similar situación se produce cuando el manijero no goza del aprecio de la cuadrilla.</p>
    <p>En las cuadrillas tradicionales trabajan hombres y mujeres. El caso de éstas es peculiar, porque siempre deben estar respaldadas por un hombre. Es decir, toda mujer que quiera trabajar en ellas debe cumplir un requisito que se torna como imprescindible: estar acompañada por un hombre, o, como se dice en el mundo aceitunero, “llevar una vara”. Normalmente las mujeres casadas recurren a sus maridos, mientras que las solteras a sus hermanos o a sus novios, lo cual no excluye otras fórmulas de asociación entre ambos géneros, pero siempre encaminadas a justificar la presencia de la mujer en el trabajo. Esta circunstancia se ha visto incrementada en los últimos años debido a nuevas técnicas de recolección y limpieza (la “limpia”) de la aceituna. Como denunció Antonio Marcos, dirigente de la Federación Agroalimentaria de UGT, en la campaña de 2010: “a las mujeres se les dice que si no buscan trabajo acompañadas de un hombre no pueden ser contratadas”. En la misma línea, la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales de Andalucía (Fademur) afirmó en dicha campaña que los empresarios justificaban estas acciones discriminatorias en la fuerza física, a pesar de que la mujer haya demostrado reiteradamente que puede desempeñar las distintas tareas de la recolección de la aceituna sin la ayuda de un hombre, una pieza más, como exponen en la cadena de desventajas que presenta el trabajo femenino en el mundo rural, pues es una realidad que no sólo se produce en las empresas familiares sino que se extiende también a las empresas de más de veinte trabajadores.</p>
    <p>Junto a las justificaciones ideológicas y culturales, aunque tildadas de “rentabilistas” hemos de considerar los factores coyunturales derivados tanto del contexto económico, en este caso de crisis, como de la propia idiosincrasia del fruto, cuya cosecha está sometida a los vaivenes climatológicos; así, la caída de la cosecha en la campaña de 2012 tuvo una repercusión directa sobre la empleabilidad femenina. Eva Serrano, de Villargordo<xref ref-type="fn" rid="fn1" nota="1">fn1</xref>, relataba cómo en su pueblo, con más de 900 desempleados, un 37% de la población activa, las mujeres acudían en masa a la aceituna, pero ese año más de la mitad no lo hizo porque “nos dicen que con los hombres se apañan y que no hay trabajo para nosotras”. Por lo tanto, el trabajo tradicional de la mujer en el campo consiste, generalmente, en recoger manualmente el fruto caído del olivo a la tierra antes de tiempo. Esta labor es una de las más importantes, y la mujer resultaba rentable al propietario. Además, las fábricas de aceite, donde se muele la aceituna, exigían que ésta llegara limpia de cogollo (ramas desprendidas del olivo durante el vareo), piedras y cualquier otro elemento que incrementara el peso a pagar por la fábrica y dificultara el trabajo en el molino; la mujer recoge “limpiamente” la aceituna, por lo que, entre otras muchas cosas, cumple este requisito.</p>
    <p>Desde hace algunos años la recolección resulta más rentable mediante el barrido del suelo, amontonando la aceituna con escobas metálicas y arrojando después los montones en espuertas de goma (de mayores dimensiones que las esportillas de esparto que suelen emplear), resultando que la mujer es prescindible para el trabajo, e incluso poco rentable para el propietario. Además, ya no importa que la aceituna llegue sucia al molino, porque las nuevas máquinas instaladas allí permiten limpiarla mejor y de forma más rápida que mediante técnicas tradicionales. Tiempo atrás la limpieza de la aceituna se efectuaba en el campo. Formaba parte del tajo de la cuadrilla. Su técnica pasaba por el empleo de un artefacto limpiador, entre otros utillajes, cuyo uso precisaba dos personas, normalmente un hombre y una mujer. Sólo la aceituna vareada, es decir, aquélla que los hombres (vareadores) derribaban del olivo golpeando con sus varas las ramas de éste, necesitaba ser limpiada, puesto que, durante el vareo, junto con la aceituna suelen caer cogollos; no así la procedente de las recogidas del suelo.</p>
    <p>El proceso de limpia seguía dos pasos: 1) Se iniciaba en la “clara” (espacios entre olivos). La aceituna derribada caía en “manteos” (grandes lonas puestas al efecto debajo del olivo), y el contenido de éstos se vaciaba en otros de menor tamaño, donde los limpiadores iniciaban su tarea quitando con las manos los cogollos de mayor tamaño. 2) El manteo pequeño se vaciaba entonces en espuertas y se trasladaba hasta la clara, donde se había situado la máquina llamada “limpia”. En la parte superior de ésta, en la especie de cajón que forma, se vertía el contenido de las espuertas y el hombre se situaba allí dejando caer la aceituna, ayudándose para ello de una compuerta que articulaba con una mano, mientras con la otra intentaba quitar la mayor cantidad posible de cogollo restante. A través del alambrado que constituye el cuerpo medio del artefacto mecánico se eliminaban los cogollos de menor tamaño, hojarasca y otras “impurezas”.</p>
    <p>La mujer, arrodillada en la parte baja de la limpia con una espuerta vacía, recogía el fruto e intentaba acabar la limpieza con ambas manos. Alrededor de la limpia quedaban todos los elementos que ensuciaban el producto, mientras que éste se vaciaba en sacos dispuesto para ser llevado hasta la fabrica de aceite. Las mujeres, por su parte, no tenían necesidad de limpiar la aceituna recogida por ellas, por lo que la vertían directamente en el saco. En la actualidad parte de este proceso ha desaparecido (sólo se ha mantenido el primer paso), como hemos dicho, con la instalación de maquinaria moderna en los molinos, repercutiendo indirectamente en la presencia de la mujer en el campo. Otras causas más o menos ligadas a ésta, como el barrido del suelo o el menosprecio que últimamente se hace de la aceituna caída del olivo (sobre todo con la extensión del trabajo “a destajo”), acentúan el desaire a la mujer (como parte de una cuadrilla tradicional). Consecuencia de esto es que muchas mujeres se hayan visto obligadas a cambiar su trabajo tradicional como recogedoras por otro propio hasta hace poco de hombres, como pueda ser el tendido de manteos, aunque esta circunstancia no se haya extendido de forma generalizada.</p>
  </sec>
  <sec>
    <title>6. <bold>Conclusión. O dónde buscar ahora a la mujer olivarera</bold></title>
    <p/>
    <p>En tal estado de cosas, la continuidad de la mujer es casi una imposición del hombre vareador al propietario, puesto que es frecuente que éste se niegue a trabajar para aquél si no va también su compañera. Las razones de esta actitud podemos encontrarlas en la economía y estructura familiar, cuando los matrimonios deciden aprovechar la temporada de recolección para incrementar sus ingresos, pero, sobre todo, por la proyección del mundo familiar en la cuadrilla tradicional. Como sucede en otras esferas de la vida cotidiana de las familias de Jaén, la mujer se perfila en la cuadrilla, fundamentalmente, como la “avitualladora” de alimentos para el hombre, hecho constatable a la hora del almuerzo, cuando aquélla prepara la comida para éste antes incluso que la suya propia. Tal proyección es visible sobre todo en matrimonios de edad avanzada, aunque también en el caso de jóvenes parejas, que entienden la comida (y las labores domésticas en general) como función de la mujer.</p>
    <p>Otro factor que permite la continuidad de la mujer en el campo lo constituye el caso de aquellas recolectoras cuya antigüedad en la misma cuadrilla les avala gran experiencia. En la aceituna, en principio, se valora sobremanera el criterio de experiencia, en virtud del cual aquellas mujeres que la han demostrado durante muchos años en la cuadrilla tienen garantizado su puesto en ésta. A pesar de ello, la presencia de una mujer experimentada en la cuadrilla, si no va acompañada de su respectivo vareador, debe estar justificada por alguno de los hombres que no tienen pareja; es decir, en una cuadrilla tradicional es imprescindible actualmente que la proporción entre vareadores y recogedoras esté equilibrada o, en caso contrario, que siempre sea mayor el número de aquéllos respecto al de éstas, de tal manera que una mujer que no tiene vareador propio forme pareja con un hombre que no tiene recogedora propia.</p>
    <p>En último término, como factor de la presencia de la mujer en la aceituna, podemos señalar el criterio de eficacia racional. Este justifica no sólo a la mujer, sino a cualquier hombre cuya valía para el trabajo no está a la altura deseada. En una cuadrilla, por ejemplo, nos encontramos con algún componente que “no es muy bueno para el trabajo”, en palabras de sus compañeros. Su presencia no tendría sentido sino en virtud de este criterio, es decir, si su mal trabajo no quedara compensado mediante el gasto que este individuo y su familia generan después de la recolección a lo largo del año. Se trata de una especie de sistema de reciprocidad en la economía de Jaén, puesto que esas personas mantienen un poder adquisitivo con la aceituna que posteriormente se invierte en los comercios locales, repercutiendo así en un esquema económico donde el olivo juega un papel de primer orden, casi imprescindible si consideramos que el universo aceitunero es básico en Jaén. Años de mala cosecha resienten el ritmo de crecimiento de sus comercios y actividades económicas. En definitiva, podemos afirmar que el olivo y la producción aceitera estructuran la economía de esta zona.</p>
    <p>La situación de la mujer, en lo que al trabajo en la aceituna se refiere (Anta, 2005)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref2">Anta Félez(2005)</xref>, tiene un efecto práctico directo al estar menos remunerada –aunque la situación actual, desde 1998, según el convenio laboral, es de aparente igualdad–. Además, las expectativas de trabajo para muchas de ellas no van más allá de la recolección, mientras que el hombre puede trabajar durante el resto del año en otras tareas que el campo requiere (corta, cura, arado, hacer suelos, abonar, etc.). Y no se debe a que la mujer no pueda trabajar; sencillamente ningún propietario piensa en contratarla, porque, se dice, “no es lo propio”. El trabajo (incluso el vareo) requiere –se dice tradicionalmente– una fuerza y una técnica que la mujer no tiene, pero el hombre sí.</p>
    <p>Se puede concluir que la aceituna se ha convertido en el caldo de cultivo de la total dependencia laboral de la mujer respecto al hombre (lo que también se puede ver en otros ámbitos de la economía con similares características, Carrasco, 1999)<xref ref-type="bibr" rid="methaodosJats_1900_ref6">Carrasco(1999)</xref>. Exalta, en cierta medida, la masculinidad en detrimento de lo femenino, y en ella el hombre refuerza su virilidad, sabiéndose heredero y transmisor de los patrones culturales de nuestra sociedad masculinizada, que sitúan al varón en la cantina y a la mujer cuidando hijos y atendiendo el hogar. Tal afirmación de la masculinidad también se pone de manifiesto con los homosexuales, dependiendo de los referentes masculinos o femeninos que éstos adopten. Si es el femenino, el homosexual gozará de amabilidad por parte de todos sus compañeros, e, incluso, podrá convertirse en un elemento institucionalizado. Si el referente es masculino-viril, los hombres de la cuadrilla sentirán repulsa hacia el homosexual. Esto permite explicar, por ejemplo, por qué los hombres sí pueden detenerse a encender un cigarrillo, mientras que las mujeres no pueden parar sin que el manijero las regañe. De ellas se espera una diligencia traducible en movimientos rápidos al trasladarse de un olivo a otro, recoger aceitunas arrodilladas en tierra y con ambas manos. Del hombre se espera una diligencia distinta: movimientos escasos y lentos, pequeñas pausas para dialogar de un abanico de temas tan dispares que van desde el fútbol hasta la difícil situación laboral, mientras que las mujeres hablan en voz baja. Después de todo, el hombre puede justificarse arguyendo que apenas si debe moverse sobre los manteos para evitar pisar la aceituna, puesto que, de lo contrario, será víctima de irónicos comentarios como “la aceituna se muele en el molino, no aquí” o “ruedas de molino son tus pies”. Concluyendo, en la recolección de la aceituna se resuelve una de las muchas paradojas de nuestra sociedad: el trabajo del hombre siempre se considera más duro y a la mujer discapacitada para él. De esta forma el olivo es, en cierta medida, el elemento que perpetúa el orden social en Jaén, lo cual no quiere decir que deje de constituir el escenario donde se establece, entre otros, el conflicto de los diferentes géneros.</p>
  </sec>


	</body>
	<back>
		
		
		
		<ref-list>
			<title>Referencias</title>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref1">
			<mixed-citation publication-type="journal">Anta Félez, J. L. (2002): “Parentesco y economía en una sociedad giennense”, en Anta, J. L. y Palacios, J. eds.: La cultura del aceite en Andalucía: 159-170. Sevilla: Fundación Machado.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Anta Félez, </surname>
					<given-names>J. L.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Anta, </surname>
					<given-names>J. L. </given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Palacios, </surname>
					<given-names>J. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>La cultura del aceite en Andalucía</source>
			<year>2002</year>
			<fpage>159</fpage>
			<lpage>170</lpage>
			<label>1</label>
			<publisher-loc>Sevilla</publisher-loc>
			<publisher-name>Fundación Machado</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref2">
			<mixed-citation publication-type="journal">Anta Félez, J. L.  (2005): “El árbol es masculino: economías, géneros y cambios en el olivar giennense”, en Anta, J. L., Palacios, J. y Guerrero, F. eds.: La cultura del olivo. Ecología, economía, sociedad: 131-158. Jaén: Universidad de Jaén.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Anta Félez,</surname>
					<given-names>J. L. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Anta, </surname>
					<given-names>J. L. </given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Palacios, </surname>
					<given-names>J.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Guerrero,</surname>
					<given-names>F.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>La cultura del olivo. Ecología, economía, sociedad</source>
			<year>2005</year>
			<fpage>131</fpage>
			<lpage>158</lpage>
			<label>2</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Universidad de Jaén</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref3">
			<mixed-citation publication-type="journal">Anta Félez, J. L. (2007): Fiesta, Trabajo y creencia. Pensar Jaén desde la Antropología Social. Jaén: Universidad de Jaén.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Anta Félez,</surname>
					<given-names>J. L.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Anta Félez,</surname>
					<given-names>J. L.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Fiesta, Trabajo y creencia. Pensar Jaén desde la Antropología Social</source>
			<year>2007</year>
			<label>3</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Universidad de Jaén</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref4">
			<mixed-citation publication-type="journal">Brandes, S. (1990): Metáforas de la masculinidad: sexo y estatus en el folklore andaluz. Madrid: Taurus.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Brandes, </surname>
					<given-names>S. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Brandes, </surname>
					<given-names>S. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Metáforas de la masculinidad: sexo y estatus en el folklore andaluz</source>
			<year>1990</year>
			<label>4</label>
			<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			<publisher-name>Taurus</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref5">
			<mixed-citation publication-type="journal">Campos Luque, C. (2001): “Fuentes y metodología para el análisis del mercado de trabajo desde el género”, en Actas del II Congreso de la AHE. Zaragoza.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Campos Luque,</surname>
					<given-names>C. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>Fuentes y metodología para el análisis del mercado de trabajo desde el género</article-title>
			<year>2011</year>
			<label>5</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref6">
			<mixed-citation publication-type="journal">Carrasco, C. ed. (1999): Mujeres y economía. Nuevas perspectivas para viejos y nuevos problemas. Barcelona: Icaria.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Carrasco, </surname>
					<given-names>C.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Carrasco, </surname>
					<given-names>C.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Mujeres y economía. Nuevas perspectivas para viejos y nuevos problemas</source>
			<year>1999</year>
			<label>6</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Icaria</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref7">
			<mixed-citation publication-type="journal">Cerdá Pugnaire, J. I., Lara Martín-Portugués, I. y Pérez Ortega, M. U. (2001): Del tiempo detenido. Jaén: Diputación Provincial.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Cerdá Pugnaire,</surname>
					<given-names>J. I.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Lara Martín-Portugués,</surname>
					<given-names>I.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Pérez Ortega, </surname>
					<given-names>M. U. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Cerdá Pugnaire,</surname>
					<given-names>J. I.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Del tiempo detenido</source>
			<year>2001</year>
			<label>7</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Diputación Provincial</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref8">
			<mixed-citation publication-type="journal">García Brenes, M. D. (2006): “Reestructuración, explotaciones unifamiliares y el cultivo del olivar en Andalucía”, Economía, sociedad y territorio, VI (21): 119-150. </mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>García Brenes, </surname>
					<given-names>M. D. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>Reestructuración, explotaciones unifamiliares y el cultivo del olivar en Andalucía</article-title>
			<year>2006</year>
			<volume>6</volume>
			<issue>21</issue>
			<fpage>119</fpage>
			<lpage>150</lpage>
			<pub-id pub-id-type="doi">https://doi.org/10.22136/est002006275</pub-id>
			<label>8</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref9">
			<mixed-citation publication-type="journal">García Brenes, M. D. (2007): “Transformaciones en la organización del trabajo en el cultivo del olivar. El caso de Andalucía”, Mundo agrario, 7 (14): 7-14.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>García Brenes,</surname>
					<given-names>M. D.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>Transformaciones en la organización del trabajo en el cultivo del olivar. El caso de Andalucía</article-title>
			<year>2007</year>
			<volume>7</volume>
			<issue>14</issue>
			<fpage>7</fpage>
			<lpage>14</lpage>
			<label>9</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref10">
			<mixed-citation publication-type="journal">García Ramón, M. D. (1990): “La división sexual del trabajo y el enfoque de género en el estudio de la agricultura de los países desarrollados”, Agricultura y sociedad, 55: 251-277. </mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>García Ramón, </surname>
					<given-names>M. D.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>La división sexual del trabajo y el enfoque de género en el estudio de la agricultura de los países desarrollados</article-title>
			<year>1990</year>
			<volume>55</volume>
			<fpage>251</fpage>
			<lpage>277</lpage>
			<label>10</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref11">
			<mixed-citation publication-type="journal">García Ramón, M. D., Cruz Villalón, J., Salamana, I. y Villarino Pérez, Montserrat (1995): Mujer y agricultura en España. Género, trabajo y contexto regional. Barcelona: Oikos-Tau. </mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>García Ramón,</surname>
					<given-names>M. D.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Cruz Villalón,</surname>
					<given-names>J.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Salamana,</surname>
					<given-names>I.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Villarino Pérez, </surname>
					<given-names>M.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>García Ramón,</surname>
					<given-names>M. D.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Mujer y agricultura en España. Género, trabajo y contexto regional</source>
			<year>1995</year>
			<label>11</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Oikos-Tau</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref12">
			<mixed-citation publication-type="journal">García Ramón, M. D. y Baylina, M. (eds.) (2000): El nuevo papel de la mujer en el desarrollo rural. Barcelona: Oikos-Tau.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>García Ramón, </surname>
					<given-names>M. D. </given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Baylina,</surname>
					<given-names>M. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>García Ramón, </surname>
					<given-names>M. D. </given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Baylina,</surname>
					<given-names>M. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>El nuevo papel de la mujer en el desarrollo rural</source>
			<year>2000</year>
			<label>12</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Oikos-Tau</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref13">
			<mixed-citation publication-type="journal">Garrido González, L. (2000): Historia económica del olivar en la provincia de Jaén en el siglo XIX. Jaén: Observatorio. </mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Garrido González,</surname>
					<given-names>L.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Garrido González,</surname>
					<given-names>L.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Historia económica del olivar en la provincia de Jaén en el siglo XIX</source>
			<year>2000</year>
			<label>13</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Observatorio</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref14">
			<mixed-citation publication-type="journal">Geertz, C. (1990): La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Geertz, </surname>
					<given-names>C.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Geertz, </surname>
					<given-names>C.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>La interpretación de las culturas</source>
			<year>1990</year>
			<label>14</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Gedisa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref15">
			<mixed-citation publication-type="journal">Geertz, C. (1994): Conocimiento local. Barcelona: Paidós</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Geertz,</surname>
					<given-names>C. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Geertz,</surname>
					<given-names>C. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Conocimiento local</source>
			<year>1994</year>
			<label>15</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Paidós</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref16">
			<mixed-citation publication-type="journal">Gladwin, C. H. (1994): “A cerca de la división del trabajo entre la economía y la antropología económica”, en Plattner, S. ed.: 537-574. México: Alianza, CONACULTA.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Gladwin, </surname>
					<given-names>C. H.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Plattner,</surname>
					<given-names>S.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>A cerca de la división del trabajo entre la economía y la antropología económica</source>
			<year>1994</year>
			<fpage>537</fpage>
			<lpage>574</lpage>
			<label>16</label>
			<publisher-loc>México</publisher-loc>
			<publisher-name>Alianza, CONACULTA</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref17">
			<mixed-citation publication-type="journal">Godelier, M. (1981) Instituciones económicas. Barcelona: Anagrama.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Godelier, </surname>
					<given-names>M.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Godelier, </surname>
					<given-names>M.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Instituciones económicas</source>
			<year>1981</year>
			<label>17</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Anagrama</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref18">
			<mixed-citation publication-type="journal">Leclair, E. y Scheneider, H. K. (1968): Economic Anthropology: Readings in Theory and Analysis. Nueva York: Holt, Rinehart and Winston.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Leclair, </surname>
					<given-names>E.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Scheneider,</surname>
					<given-names>H. K.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Leclair, </surname>
					<given-names>E.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Economic Anthropology: Readings in Theory and Analysis</source>
			<year>1968</year>
			<label>18</label>
			<publisher-loc>Nueva York</publisher-loc>
			<publisher-name>Holt, Rinehart and Winston</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref19">
			<mixed-citation publication-type="journal">Hernández Armenteros, S. (1997). El crecimiento económico de una región atrasada, Jaén 1850-1930. Jaén: Universidad de Jaén.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Hernández Armenteros,</surname>
					<given-names>S. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Hernández Armenteros,</surname>
					<given-names>S. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>El crecimiento económico de una región atrasada, Jaén 1850-1930</source>
			<year>1997</year>
			<label>19</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Universidad de Jaén</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref20">
			<mixed-citation publication-type="journal">Martínez Veiga, U. (1991): Mujer, trabajo y domicilio, Barcelona: Icaria.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Martínez Veiga, </surname>
					<given-names>U. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Martínez Veiga, </surname>
					<given-names>U. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Mujer, trabajo y domicilio</source>
			<year>1991</year>
			<label>20</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Icaria</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref21">
			<mixed-citation publication-type="journal">Mellor, M. (2000): Feminismo y ecología. México: Siglo XXI.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Mellor, </surname>
					<given-names>M. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Mellor, </surname>
					<given-names>M. (</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Feminismo y ecología</source>
			<year>2000</year>
			<label>21</label>
			<publisher-loc>México</publisher-loc>
			<publisher-name>Siglo XXI</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref22">
			<mixed-citation publication-type="journal">Palacios, J. (2007): Capitalismo, globalidad y ecología cultural: hacia una economía política de la mundialización. Granada: Universidad de Granada.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Palacios, </surname>
					<given-names>J.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Palacios, </surname>
					<given-names>J.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Capitalismo, globalidad y ecología cultural: hacia una economía política de la mundialización</source>
			<year>2007</year>
			<label>22</label>
			<publisher-loc>Granada</publisher-loc>
			<publisher-name>Universidad de Granada</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref23">
			<mixed-citation publication-type="journal">Palenzuela Chamorro, P. (1995): “Las culturas del trabajo: Una aproximación antropológica”, Sociología del Trabajo, 24: 3-28.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Palenzuela Chamorro, </surname>
					<given-names>P.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>Las culturas del trabajo: Una aproximación antropológica</article-title>
			<year>1995</year>
			<volume>24</volume>
			<fpage>3</fpage>
			<lpage>28</lpage>
			<label>23</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref24">
			<mixed-citation publication-type="journal">Palomo, A., Pulido, M. y Luque, P. J. (2013): “Causas subyacentes de los accidentes producidos en la recolección de la aceituna en la provincia de Jaén. Una aproximación psicosocial”, Revista de Antropología Experimental, 13: 215-241.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Palomo, </surname>
					<given-names>A.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Pulido, </surname>
					<given-names>M. </given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Luque,</surname>
					<given-names>P. J. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>Causas subyacentes de los accidentes producidos en la recolección de la aceituna en la provincia de Jaén. Una aproximación psicosocial</article-title>
			<year>2013</year>
			<volume>24</volume>
			<fpage>3</fpage>
			<lpage>29</lpage>
			<label>24</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref25">
			<mixed-citation publication-type="journal">Peinado Rodríguez, M. (2005): “Una aproximación al olivar jiennense en la contemporaneidad”, en Anta, J. L., Palacios, J. y Guerrero, F. eds.: La cultura del olivo. Ecología, economía, sociedad: 35-52. Jaén: Universidad de Jaén.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Peinado Rodríguez, </surname>
					<given-names>M.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Anta, </surname>
					<given-names>J. L.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Palacios, </surname>
					<given-names>J.</given-names>
				</name>
				<name>
					<surname>Guerrero, </surname>
					<given-names>F.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>La cultura del olivo. Ecología, economía, sociedad</source>
			<fpage>35</fpage>
			<lpage>52</lpage>
			<label>25</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Universidad de Jaén</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref26">
			<mixed-citation publication-type="journal">Peinado Rodríguez, M. (2009): Ser mujer en la sociedad rural andaluza: estrategias familiares de reproducción y subsistencia. Jaén: Diputación Provincial.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Peinado Rodríguez, </surname>
					<given-names>M. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Peinado Rodríguez, </surname>
					<given-names>M. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Ser mujer en la sociedad rural andaluza: estrategias familiares de reproducción y subsistencia</source>
			<year>2009</year>
			<label>26</label>
			<publisher-loc>Jaén</publisher-loc>
			<publisher-name>Diputación Provincial</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref27">
			<mixed-citation publication-type="journal">Plattner, S. ed. (1994): Antropología económica. México: Alianza, CONACULTA</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Plattner,</surname>
					<given-names>S.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Plattner,</surname>
					<given-names>S.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Antropología económica</source>
			<year>1994</year>
			<label>27</label>
			<publisher-loc>México</publisher-loc>
			<publisher-name>Alianza, CONACULTA</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref28">
			<mixed-citation publication-type="journal">Polanyi, K. (1989): La gran transformación. Madrid: La Piqueta.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Polanyi, </surname>
					<given-names>K.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Polanyi, </surname>
					<given-names>K.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>La gran transformación</source>
			<year>1989</year>
			<label>28</label>
			<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			<publisher-name>La Piqueta</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref29">
			<mixed-citation publication-type="journal">Sahlins, M. D. (1983): Economía de la edad de piedra. Madrid: Akal.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Sahlins, </surname>
					<given-names>M. D.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Sahlins, </surname>
					<given-names>M. D.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Economía de la edad de piedra</source>
			<year>1983</year>
			<label>29</label>
			<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			<publisher-name>Akal</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref30">
			<mixed-citation publication-type="journal">Sampedro Gallego, R. (1991): “El mercado de trabajo en el medio rural: una aproximación a través del género”, Política y Sociedad, 8: 25-33.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Sampedro Gallego,</surname>
					<given-names>R. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>El mercado de trabajo en el medio rural: una aproximación a través del género</article-title>
			<year>1991</year>
			<volume>8</volume>
			<fpage>25</fpage>
			<lpage>33</lpage>
			<label>30</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref31">
			<mixed-citation publication-type="journal">Sarasúa García, C. (2000): “El análisis histórico del trabajo agrario: cuestiones recientes”, Historia Agraria. Revista de agricultura e historia rural, 22: 281-300.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="journal">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Sarasúa García,</surname>
					<given-names>C. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<article-title>El análisis histórico del trabajo agrario: cuestiones recientes</article-title>
			<year>2000</year>
			<volume>22</volume>
			<fpage>281</fpage>
			<lpage>300</lpage>
			<label>31</label>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref32">
			<mixed-citation publication-type="journal">Villota, P. ed. (2003): Economía y género‬: Macroeconomía, política fiscal y liberalización. Análisis de su impacto sobre las mujeres‬. Barcelona: Icaria.‬‬‬‬‬‬‬‬‬</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Villota,</surname>
					<given-names>P. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Villota,</surname>
					<given-names>P. </given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Economía y género‬: Macroeconomía, política fiscal y liberalización. Análisis de su impacto sobre las mujeres‬</source>
			<year>2003</year>
			<label>32</label>
			<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			<publisher-name>Icaria</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			<ref id="methaodosJats_1900_ref33">
			<mixed-citation publication-type="journal">Zambrana Pineda, J. F. (1987): Crisis y modernización del olivar español: 1870-1930. Madrid: MAPA.</mixed-citation>
			<element-citation publication-type="book">
			<person-group person-group-type="author">
				<name>
					<surname>Zambrana Pineda,</surname>
					<given-names>J. F.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<person-group person-group-type="editor">
				<name>
					<surname>Zambrana Pineda,</surname>
					<given-names>J. F.</given-names>
				</name>
			</person-group>
			<source>Crisis y modernización del olivar español: 1870-1930.</source>
			<year>1987</year>
			<label>33</label>
			<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			<publisher-name>MAPA</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
		<fn-group>
					<title>Notas</title>
			<fn id="fn1">
			<label><sup>[fn1]</sup></label><br/>
			<noteNum>1</noteNum>
			<note>http://agriculturafacil.com/la-mujer-y-la-agricultura (Consulta 13-12-2012).</note>
			</fn>
				</fn-group>
		</back>
		
		</article>